Capítulo 16
El secuestro [Parte 5]
Cada vez quedaban menos. Cada vez cometian mas descuidos. Esto es lo que pensaba Paul. Solamente tenia que coger a unos cuantos más. Se los llevaría a su padre y terminaría con todo. Todo el mundo pensaba que él era frío, manipulador y una mala persona. Todo era un papel para agradar a su padre. Nada de esto hubiera pasado si su padre hubiera sido una persona normal. Paul suspiró. Alguien se estaba acercando a él por detrás. Se creería que lo estaba haciendo sigilosamente. Paul no se dio la vuelta. No era solamente uno. Eran dos. Chicos vaticinó Paul. Primero irían los chicos a por él. Eso le daría tiempo a las chicas para esconderse. Paul suspiró. Eso no era bueno para él. Los necesitaba encontrar a todos... y rápido. Paul miró su reloj de muñeca. Solamente tenía una hora más. Si no llamaba a su padre en ese plazo intervendrían ellos. Paul suspiró de nuevo y se dio al vuelta. Había acertado. Eran dos chicos. Éstos se quedaron petrificados al verle. Uno de ellos dijo algo parecido a "Fran vete de aqui". El otro le respondió "No me iré sin ti Jace". Jace era un chico joven. Como todos los demás. Era moreno de ojos negros. Tenía pinta de chulo, pero las apariencias podían engañar. Fran era algo más mayor que Jace. Tendría unos veintidos años. Era moreno y tenía mechas rubias. Sus ojos eran de color azul. Llevaba una barba de varios días. Tenía pinta de modelo. Sus ojos reflejaban la furia que sentía. Paul suspiró de nuevo y les disparó. Cayeron dócilmente al suelo. Entonces escuchó unos pasos rápidos tras él. Se dio la vuelta. Siete chicos corrían hacia él rápidamente. Todos llevaban cuchillos en sus manos. Parecía que los otros dos eran los cebos. Paul les apuntó y les disparó rápidamente. Eso no impidió que todos tiraran los cuchillos contra él. Paul esquivó seis de ellos ágilemente, pero el séptimo se le clavó justo en su estómago. Agarrandose su estómago, Paul se acercó a los chicos. Les conocía a todos. Había visto sus fichas antes de entrar en el WhiteSoul. Eran Leo, Luca, Max, Samuel, Sirius, Scott y Miguel. Leo era moreno. Sus ojos eran de color negro. Estaba algo musculado. Luca era moreno también, pero sus ojos eran de color verde. Llevaba barba de varios días y, al igual que Leo, también estaba algo musculado. Max era moreno. Sus ojos eran de color azul. Estaba algo menos musculado que los demás. Samuel parecía el mayor de todos. Su pelo era de color castaño. Tenía los ojos marrones y estaba más musculado que Leo y Luca. Scott era moreno. Sus ojos eran de color marrón. Estaba musculado también. De él tenía algo más de información. Era miembro de una tribu indígena. Una de las tribus originales que vivían en Estados Unidos antes de que llegaran los británicos. Su padre era el jefe de la tribu en ese momento. Su madre era un rica mujer de negocios que se enamoró de él. Sirius tenía el pelo de color castaño, casi rubio. Sus ojos eran de color azul. Tenía una piel muy blanquecina. Parecía que era albino, como su madre. Su padre era un estudiante español que fue con una beca Eramus a Polonia. Allí conoció a la madre de él. Era una informática. Justo empezaron una empresa y de pronto se vieron con sus cuentas bancarias llenas de dinero. Miguel era el hermano de Scott. También era moreno. Sus ojos eran de color marrón. Estaba tan musculado como su hermano. Él tendría unos meses menos que su hermano. Si no se equivocaba solo le quedaban cinco. Esdorzándose consiguió llegar hasta la puerta principal. La iba a abrir para pedir ayuda. Entonces se desplomó. Perdió el conocimiento. Escuchó, antes de caer en la inconsciencia, los pasos de varios pares de tacones...
- ¿Hicimos bien Marta? -dijo una chica- ¿No deberiamos haberle dejado morir?
- Solamente le pusimos unas vendas, Jessi. Si se tiene que morir se morirá ¿vale?
- A mi me parece mono -dijo otra voz- Si sí, muy mono
- ¿Qué te has fumado Nati? -le preguntó Jessi- ¡Nos quiere matar!
- Pues a mi me parece que solamente es un peón y que le tienen amenazado -respondió ella- Además lo de que es mono es inegable ¿vale?
- La verdad que tiene su puntito y, además todos tienen pulso. Solamente era un sedante -dijo otra voz-
- Vicky, tiene una pistola -respondió Marta- ¿Tú que piensas Úrsula?
- Yo creo que es un peón y que la pistola solamente tiene sedantes. Creo que deberiamos dejar que nos capturen. A nosotros no nos quieren matar, pero si él falla le matarán seguro
- Estoy de acuerdo -dijo Natasha- Pedirán seguramente un rescate por nosotros. Recordad que todos nuestros padres son ricos
- Podría ser -respondió Jessi- pero...
Paul gemió y se intentó incorporar. Alguien se lo impidió. Esa chica era Natasha. Era rubia. Sus ojos eran de color negro, pero aún así eran cálidos. Sonreía. Había varias chicas más en la habitación. Jessi era rubia. Sus ojos eran de color marrón y era muy guapa, aunque parecía algo mayor que los demás. Marta tenía el pelo castaño. Sus ojos eran de color marrón. Tenía cara de que era atrevida. Ella no sonreía. Además sus ojos transmitían frialdad Úrsula era una chica morena de ojos azules. Muy guapa también. Ella si sonreía. Vicky era morena también. Sus ojos eran de color marrón. Ella no sonreía, pero parecía algo alegra. Por lo menos mucho más alegra que Marta. Natasha le paso su pistola. Algo aturdido, Paul la miró.
- Nos dejaremos coger. A nosotros no nos mataran
- Me resultaría más cómodo hacerlo abajo
- Claro, casi no te puedes mover.
Entre todas, excepto Marta, le ayudaron a levantarse. Fueron poco a poco hacia el vestíbulo. Parecían algo cohibidas al verles a todos tirados en el suelo. Natasha miró a Paul cuando bajaron las escaleras. Paul suspiró y le disparó. Marta la posó suavemente en el suelo. Paul disparó a Marta. No se haría daño al caer, pues estaba de rodillas en el suelo. Úrsula y Vicky entrelazaron sus manos. Ambas cerraron los ojos. Parecía que les había dado un subidón de adrenalina. Sonriendo, disparó a ambas casi a la vez. Por fin había terminado. Cojeando y agarrándose el estómago fue hacia la puerta principal. La abrió. Allí fuera estaba ellos. Los hermanos Lovewolfs. Se llamaban Ian y Tyler. Ian tenía el pelo de color negro. Sus ojos eran de color azul. Llevaba una barba de varios días. Tyler tenía el pelo de color castaño, casi rubio. Sus ojos, al igual que los de su hermano, eran azules. Él estaba bien afeitado. Ambos parecían sorprendidos de ver a Paul con vida. Fruncieron el ceño a la vez.
- Están todos hay dentro. El sedante se les acabarán dentro de unas cinco horas
Dicho esto, Paul se desplomó en el suelo...
domingo, 7 de agosto de 2011
Collegio D'Amore. Capítulo 15.
Capítulo 15
El secuestro [Parte 4]
Paul soltó una nueva carcajada. Nadie se le resistiría. Nadie. Paseó junto a los cuerpos de los chicos y chicas del "WhiteSoul". Le quedaban pocos. Muy pocos. Sonriendo vago entre los cuerpos sin rumbo. Seguramente algunos imbéciles arrogantes irán a intentar rescatar a los pobres losers durmientes. Dicho y hecho. Unos minutos después dos chicos empezaron a bajar por las escaleras. Uno era moreno. Sus ojos eran de color azul, casi grises. Llevaba una barbita de tres días. Sus ojos centelleaban de furia. El otro era rubio. Sus ojos eran de color azul también. Tirando a verde. Él no llevaba barba. Sus ojos, al igual que el del chico que estaba a su lado, centelleaban de furia. Paul soltó una carcajada. ¿Dos contra uno? ¿David contra Goliat? ¿Se creían que iban a ganar?. Paul rió de nuevo y sacó su arma. Apuntó primero al rubio.
- No Dan -gritó el moreno
Paul disparó contra Dan. Él, petrificado, no se movió. Sin embargo, el moreno se lanzó a parar el disparo, Paul supuso que se creia que era una bala de verdad. El dardo le dio justo en el corazón. Petrificado, el moreno cayó como a una marioneta a la que le habían cortado los hilos. Se dio un golpe en su cabeza. Salía poca sangre de la herida que se había echo. Aguantaría hasta que hubiera capturado a todos
- ¡Cesc, no! -gritó Dan- ¿Qué le has echo?
Paul no contestó. Apuntó a Dan y le disparó. El dardo le dio en su brazo derecho. Cayó sobre Cesc, como si fuera un muñeco sin hilos. Antes de que Paul se diera cuenta, alguien le golpeó por detrás. Paul gimió levemente. Se dio la vuelta rápidamente. El golpe se lo había dado un chico. Un chico de unos dieciocho años. Era rubio. Sus ojos eran azules, como los del lapizuli. Tenía una mirada intensa y tan penetrante como los rayos X. Sus ojos centelleaban de furia también. El chico le golpeó el estómago con su puño. En el llevaba un anillo con su nombre. Fabio. El anillo era de los grandes, por lo que el golpe le dolió doblemente. El puño impactó varias veces más en la misma zona. Paul le devolvió el golpe. Ambos cayeron en el suelo. Rodaron por él. Ambos se daban golpes. Paul quedó arriba de Fabio. Le golpeó varias veces en la cara. Cuando creyó que le había roto la nariz se levantó. Fabio se lanzo de nuevo sobre Paul. Le embistió con todas sus fuerzas. Paul cayó al suelo. Consiguió apuntar a Fabio, que no le paraba de dar patadas en el costado, y le disparó. Fabio cayó sobre un cuerpo. Sobre el cuerpo de Irene. Paul gruño y lo apartó a patadas. Esta vez si le rompió la nariz de verdad. Escuchó el grito de una chica. Se dio la vuelta. Estaba en el pie de las escaleras. Era rubia y tenía los ojos de color negro. Sus cejas y su mirada le daban un aspecto frío. Helen se acercó a Paul corriendo. Cuando llegó junto a él, alzó una mano y le abofeteó la cara repetidas veces. Paul gruño y disparó un dardo contra Helen. Ésta cayó sobre el cuerpo de Fabio. Parecía que todos se habían unido. Raro, conociendo la trayectoria de esos chicos. Los chicos se estaban revelando. Irían a por él rápidamente. Hasta que todos cayeran, por supuesto. Paul ganaría. Tenía todo a su favor y nadie le podía quitar la gloria. Nunca lo permitiría. Justo en ese momento se abrió una puerta. De ella salió una chica, guapísima por cierto. Tendría unos diecinueve años. Era morena. Sus ojos eran de color azul. El azul más claro que había visto, casi gris, Paul en su vida. Era bastante blanca de piel, pero no llegaba al albinismo. Su pelo largo, le llegaba hasta la mitad de la espalda, se movía de un lado a otro mientras caminaba hacia Paul. La expresión de sus ojos era fría, distante. Su vestido azul, con escote palabra de honor, tenía volantes en la parte inferior. El vestido le hacía parecer algo más delgada. Mientras se fijaba en los detalles de la anatomía de la chica, Paul se fijó en un pequeño tatuaje que tenía en la parte superior de su seno derecho. Ponía "Susana". Al igual que con Fabio, supuso que el nombre de la chica era Susana. Susana llegó junto a él, sus ojos centelleaban de la furia que sentía. Veía a todos sus amigos tirados, creyendo que estaban muertos. Abrió los brazos y le hizo señas para que le disparara. Ni corto ni perezoso, Paul le disparó. Cayó con los brazos extendidos. Paul soltó una carcajada. Seguramente Susana creería que era una mártil. Soltó una risita de nuevo. Dos chicas se acercaron a él chillando. Ambas eran rubias de ojos azules. Una parecía mas joven que la otra. Ambas llevaban una pulsera con su nombre. Amelia e Isabella. Amelia era la joven. Isabella, además de ser mayor, tenía un buen cuerpo. Paul las disparó sin pensarselo dos veces...
El secuestro [Parte 4]
Paul soltó una nueva carcajada. Nadie se le resistiría. Nadie. Paseó junto a los cuerpos de los chicos y chicas del "WhiteSoul". Le quedaban pocos. Muy pocos. Sonriendo vago entre los cuerpos sin rumbo. Seguramente algunos imbéciles arrogantes irán a intentar rescatar a los pobres losers durmientes. Dicho y hecho. Unos minutos después dos chicos empezaron a bajar por las escaleras. Uno era moreno. Sus ojos eran de color azul, casi grises. Llevaba una barbita de tres días. Sus ojos centelleaban de furia. El otro era rubio. Sus ojos eran de color azul también. Tirando a verde. Él no llevaba barba. Sus ojos, al igual que el del chico que estaba a su lado, centelleaban de furia. Paul soltó una carcajada. ¿Dos contra uno? ¿David contra Goliat? ¿Se creían que iban a ganar?. Paul rió de nuevo y sacó su arma. Apuntó primero al rubio.
- No Dan -gritó el moreno
Paul disparó contra Dan. Él, petrificado, no se movió. Sin embargo, el moreno se lanzó a parar el disparo, Paul supuso que se creia que era una bala de verdad. El dardo le dio justo en el corazón. Petrificado, el moreno cayó como a una marioneta a la que le habían cortado los hilos. Se dio un golpe en su cabeza. Salía poca sangre de la herida que se había echo. Aguantaría hasta que hubiera capturado a todos
- ¡Cesc, no! -gritó Dan- ¿Qué le has echo?
Paul no contestó. Apuntó a Dan y le disparó. El dardo le dio en su brazo derecho. Cayó sobre Cesc, como si fuera un muñeco sin hilos. Antes de que Paul se diera cuenta, alguien le golpeó por detrás. Paul gimió levemente. Se dio la vuelta rápidamente. El golpe se lo había dado un chico. Un chico de unos dieciocho años. Era rubio. Sus ojos eran azules, como los del lapizuli. Tenía una mirada intensa y tan penetrante como los rayos X. Sus ojos centelleaban de furia también. El chico le golpeó el estómago con su puño. En el llevaba un anillo con su nombre. Fabio. El anillo era de los grandes, por lo que el golpe le dolió doblemente. El puño impactó varias veces más en la misma zona. Paul le devolvió el golpe. Ambos cayeron en el suelo. Rodaron por él. Ambos se daban golpes. Paul quedó arriba de Fabio. Le golpeó varias veces en la cara. Cuando creyó que le había roto la nariz se levantó. Fabio se lanzo de nuevo sobre Paul. Le embistió con todas sus fuerzas. Paul cayó al suelo. Consiguió apuntar a Fabio, que no le paraba de dar patadas en el costado, y le disparó. Fabio cayó sobre un cuerpo. Sobre el cuerpo de Irene. Paul gruño y lo apartó a patadas. Esta vez si le rompió la nariz de verdad. Escuchó el grito de una chica. Se dio la vuelta. Estaba en el pie de las escaleras. Era rubia y tenía los ojos de color negro. Sus cejas y su mirada le daban un aspecto frío. Helen se acercó a Paul corriendo. Cuando llegó junto a él, alzó una mano y le abofeteó la cara repetidas veces. Paul gruño y disparó un dardo contra Helen. Ésta cayó sobre el cuerpo de Fabio. Parecía que todos se habían unido. Raro, conociendo la trayectoria de esos chicos. Los chicos se estaban revelando. Irían a por él rápidamente. Hasta que todos cayeran, por supuesto. Paul ganaría. Tenía todo a su favor y nadie le podía quitar la gloria. Nunca lo permitiría. Justo en ese momento se abrió una puerta. De ella salió una chica, guapísima por cierto. Tendría unos diecinueve años. Era morena. Sus ojos eran de color azul. El azul más claro que había visto, casi gris, Paul en su vida. Era bastante blanca de piel, pero no llegaba al albinismo. Su pelo largo, le llegaba hasta la mitad de la espalda, se movía de un lado a otro mientras caminaba hacia Paul. La expresión de sus ojos era fría, distante. Su vestido azul, con escote palabra de honor, tenía volantes en la parte inferior. El vestido le hacía parecer algo más delgada. Mientras se fijaba en los detalles de la anatomía de la chica, Paul se fijó en un pequeño tatuaje que tenía en la parte superior de su seno derecho. Ponía "Susana". Al igual que con Fabio, supuso que el nombre de la chica era Susana. Susana llegó junto a él, sus ojos centelleaban de la furia que sentía. Veía a todos sus amigos tirados, creyendo que estaban muertos. Abrió los brazos y le hizo señas para que le disparara. Ni corto ni perezoso, Paul le disparó. Cayó con los brazos extendidos. Paul soltó una carcajada. Seguramente Susana creería que era una mártil. Soltó una risita de nuevo. Dos chicas se acercaron a él chillando. Ambas eran rubias de ojos azules. Una parecía mas joven que la otra. Ambas llevaban una pulsera con su nombre. Amelia e Isabella. Amelia era la joven. Isabella, además de ser mayor, tenía un buen cuerpo. Paul las disparó sin pensarselo dos veces...
jueves, 7 de abril de 2011
Collegio D'Amore. Capítulo 14
Lo primero que tengo que decir es que lo siento por no publicar antes, pero es que tuve bastantes exámenes. Espero que aún os acordeis del relato... Aquí va el nuevo capítulo. Disfrutadlo.
Capítulo 14
Escuchó un grito en la segunda planta. Sin duda querían distraerlo y alguno de ellos escaparía por la puerta trasera. Seguramente el inútil de Valentino no la estaría vigilando. Suspiró. Entró en la sala en la que haía encontrado a los últimos. Habían estado todos allí, algunos habían escapado a la parte que ya había explorado. Él cerró los ojos. Se estaba concentrando. Intentaba escuchar algún paso. Si no se equivocaba quedaban más de veinte personas en el internado. Y él las encontraría. Era su trabajo. Sin dolor, sin compasión era su lema. Era. Antes seguramente los habría encontrado en unos minutos. Parecía que se estaba renblandeciendo. Suspiró de nuevo. Entonces escuchó unos pasos, después un golpe sordo. Él salió de la sala. Una persona habían caído por las escaleras. Era una chica. Tan joven como las otras, de unos dieciocho o diecinueve años. Era morena. Sus ojos eran de color azul cielo. Llevaba el pelo recogido en un elegante moño. Llevaba un vestido elegantísimo. Seguramente era la típica pija de ese internado. La chica gimió. Parecía que tenía una herida en la pierna. Seguramente había querido escapar, pero había tropezado por sus tacones. Entonces él dejó de avanzar hacia ella. Tenía uno de sus tacones en la mano, parecía tensa también. Él no se acercó. Soltó una carcajada y disparó a la chica. Al hacer efecto el dardo, ella se relajó y soltó el tacón. Se acercó a ella entonces. En su cuello llevaba un collar con su nombre. Alma. Él oyó unos pasos en el piso de arriba. Miró hacia allí. Un chico estaba al final de la escalera. Medio petrificado. No reaccionó muy rápido, por lo que el le pudo disparar un dardo. El chico cayó por las escaleras. Cuando llegó rodando junto a él, vio como era el chico. Era un chico rubio, de ojos azules. De la misma constitución que Blad. A él le parecía que tenía una expresión algo arrogante.
- Ángel... -murmuró Alma
Parecía que el dardo de ella no la había echo dormir profundamente. Él apuntó hacia ella. Le disparó. Ella se relajó de nuevo y empezó a dormir. Cogió a la chica y la puso junto a los otros. Después cogió a Ángel e hizo lo mismo. Ya solo le quedaban, si sus cuentas eran exactas, 25 personas. No los mas influyentes, ni los mas importantes. Esos ya los tenía. Pero necesitaba también a los otros. Oyó pasos de nuevo. Un chico con el pelo cobrizo bajaba por las escaleras. Tenía lágrimas en sus mejillas. Él se acercó a Chris.
- Chris -murmuró- no llores. Hiciste lo correcto.
- Ella quería ayudarme -dijo señalando a Annia- ella era buena
- Son todos malos, Chris
- Irene ni me saludó
- Irene no recuerda nada
- ¿Nada? ¿Ni siquiera a ti? -Él negó con la cabeza- Paul, ella te quería ¿por qué vino aquí?
- Por nada. Ahora Chris abre la puerta y cruzala. Valentino está por vigilando. Te llevará con papá.
Paul sonrió ampliamente a su hermano y lo observó mientras cumplia sus instrucciones. Cuando Chris salió, Paul empezó a acechar de nuevo. Puerta por puerta. En alguna escucharía un sonido. Un sonido que le indicaría que allí habría al menos una persona de las que buscaba. Por fin en una escuchó algo. Un susurro y uno bien grande. La persona pronunciaba demasiado la "s" (La "s" es la única letras que se escucha en los susurros. Para que no te encuentren si alguna vez estas en esa situación usa la "z" en su lugar). Abrió la puerta delicadamente. Sin hacer ruido. Era una habitación. No se fijó en ella. Solamente se fijó en las dos chicas que habían sentadas en el suelo. Llorando e intentando consolarse la una a la otra. Al estar llorando no vieron a Paul. Éste se escondió bajo la cama. Fue rodando entre ellas hasta que tuvo a las chicas frente a él. Por lo que había podido escuchar se llamaban Blair y Clare. Blair era rubia. Sus ojos eran azules. Era guapísima. Por lo que pudo oir tenía 21 años. Era estadounidense y sus padres no la podían controlar, por la que la llevaron al "WhiteSoul". Clare, sin embargo, era morena. Sus ojos eran también azules, aunque más oscuros que los de Blair. Ella era guapa. Era francesa. Ella había optado por ir al "WhiteSoul". Nadie la había obligado a ir. Debajo de una cama, Paul sacó su arma. Primero apunto a Clare. Disparó. Ella cayó en los brazos de Blair. Antes de que ésta se diera cuenta, tenía un dardo tranquilizante clavado en un brazo. Entonces pasó algo inesperado. Un chico entró a la habitación. Tendría unos diecisiete años. Era rubio. Sus ojos eran de color verde esmeralda. Era alto, delgado y musculado. Paul le miró. Mientras, Edward intentaba despertar a ambas chicas. Éste se dio cuenta de lo que pasaba e intentó buscar a Paul. Éste salió de su escondite. Edward se lanzó sobre él. Antes de que Paul se diera cuenta su arma estaba en el suelo. Un puño impactó en su estómago varias veces. Después, el puño de Edward impactó en la mejilla izquierda de Paul. Éste cayó al suelo. Rodó hasta su arma y disparó a Edward. Frunciendo el ceño, le propinó una patada en el estómago. Oyó unos tacones. Tap tap tap. Se alejaban de la habitación. Paul salió rápidamente. Tap tap tap. Bajaba por la escalera. Entonces la vio. Era una chica de unos diecisiete o dieciocho años. Era pelirroja. Sus ojos eran de color marrón chocolate, los distinguió cuando miró sobre su hombro. Era muy guapa. Tap tap tap. Llegó al pie de la escalera. Tap Tap Tap. Junto a la puerta... Paul solo tendría una oportunidad. Disparó su dardo. La mano de Cleo estaba acercandose al pomo... Se oyó un grito y Cleo cayó. El dardo le dio en la pierna derecha. Se oyó otro grito. Alguien se acercó a Cleo. Era una chica de unos diecinueve años. Rubia, ojos azules. Guapa, pero no tanto como las demás. Murmuraba algo como "Cleo soy Cris. Despierta". Paul bajó por las escaleras tranquila y lentamente. No había prisas. El dardo contenía una gran cantidad de somnifero. Llegó junto a la tal Cris. Antes de que levantara la cabeza, tenía clavado un dardo en su estómago. Paul soltó una carcajada, preguntandose quien sería el siguiente en caer.
Capítulo 14
El secuestro [Parte 3]
Escuchó un grito en la segunda planta. Sin duda querían distraerlo y alguno de ellos escaparía por la puerta trasera. Seguramente el inútil de Valentino no la estaría vigilando. Suspiró. Entró en la sala en la que haía encontrado a los últimos. Habían estado todos allí, algunos habían escapado a la parte que ya había explorado. Él cerró los ojos. Se estaba concentrando. Intentaba escuchar algún paso. Si no se equivocaba quedaban más de veinte personas en el internado. Y él las encontraría. Era su trabajo. Sin dolor, sin compasión era su lema. Era. Antes seguramente los habría encontrado en unos minutos. Parecía que se estaba renblandeciendo. Suspiró de nuevo. Entonces escuchó unos pasos, después un golpe sordo. Él salió de la sala. Una persona habían caído por las escaleras. Era una chica. Tan joven como las otras, de unos dieciocho o diecinueve años. Era morena. Sus ojos eran de color azul cielo. Llevaba el pelo recogido en un elegante moño. Llevaba un vestido elegantísimo. Seguramente era la típica pija de ese internado. La chica gimió. Parecía que tenía una herida en la pierna. Seguramente había querido escapar, pero había tropezado por sus tacones. Entonces él dejó de avanzar hacia ella. Tenía uno de sus tacones en la mano, parecía tensa también. Él no se acercó. Soltó una carcajada y disparó a la chica. Al hacer efecto el dardo, ella se relajó y soltó el tacón. Se acercó a ella entonces. En su cuello llevaba un collar con su nombre. Alma. Él oyó unos pasos en el piso de arriba. Miró hacia allí. Un chico estaba al final de la escalera. Medio petrificado. No reaccionó muy rápido, por lo que el le pudo disparar un dardo. El chico cayó por las escaleras. Cuando llegó rodando junto a él, vio como era el chico. Era un chico rubio, de ojos azules. De la misma constitución que Blad. A él le parecía que tenía una expresión algo arrogante.
- Ángel... -murmuró Alma
Parecía que el dardo de ella no la había echo dormir profundamente. Él apuntó hacia ella. Le disparó. Ella se relajó de nuevo y empezó a dormir. Cogió a la chica y la puso junto a los otros. Después cogió a Ángel e hizo lo mismo. Ya solo le quedaban, si sus cuentas eran exactas, 25 personas. No los mas influyentes, ni los mas importantes. Esos ya los tenía. Pero necesitaba también a los otros. Oyó pasos de nuevo. Un chico con el pelo cobrizo bajaba por las escaleras. Tenía lágrimas en sus mejillas. Él se acercó a Chris.
- Chris -murmuró- no llores. Hiciste lo correcto.
- Ella quería ayudarme -dijo señalando a Annia- ella era buena
- Son todos malos, Chris
- Irene ni me saludó
- Irene no recuerda nada
- ¿Nada? ¿Ni siquiera a ti? -Él negó con la cabeza- Paul, ella te quería ¿por qué vino aquí?
- Por nada. Ahora Chris abre la puerta y cruzala. Valentino está por vigilando. Te llevará con papá.
Paul sonrió ampliamente a su hermano y lo observó mientras cumplia sus instrucciones. Cuando Chris salió, Paul empezó a acechar de nuevo. Puerta por puerta. En alguna escucharía un sonido. Un sonido que le indicaría que allí habría al menos una persona de las que buscaba. Por fin en una escuchó algo. Un susurro y uno bien grande. La persona pronunciaba demasiado la "s" (La "s" es la única letras que se escucha en los susurros. Para que no te encuentren si alguna vez estas en esa situación usa la "z" en su lugar). Abrió la puerta delicadamente. Sin hacer ruido. Era una habitación. No se fijó en ella. Solamente se fijó en las dos chicas que habían sentadas en el suelo. Llorando e intentando consolarse la una a la otra. Al estar llorando no vieron a Paul. Éste se escondió bajo la cama. Fue rodando entre ellas hasta que tuvo a las chicas frente a él. Por lo que había podido escuchar se llamaban Blair y Clare. Blair era rubia. Sus ojos eran azules. Era guapísima. Por lo que pudo oir tenía 21 años. Era estadounidense y sus padres no la podían controlar, por la que la llevaron al "WhiteSoul". Clare, sin embargo, era morena. Sus ojos eran también azules, aunque más oscuros que los de Blair. Ella era guapa. Era francesa. Ella había optado por ir al "WhiteSoul". Nadie la había obligado a ir. Debajo de una cama, Paul sacó su arma. Primero apunto a Clare. Disparó. Ella cayó en los brazos de Blair. Antes de que ésta se diera cuenta, tenía un dardo tranquilizante clavado en un brazo. Entonces pasó algo inesperado. Un chico entró a la habitación. Tendría unos diecisiete años. Era rubio. Sus ojos eran de color verde esmeralda. Era alto, delgado y musculado. Paul le miró. Mientras, Edward intentaba despertar a ambas chicas. Éste se dio cuenta de lo que pasaba e intentó buscar a Paul. Éste salió de su escondite. Edward se lanzó sobre él. Antes de que Paul se diera cuenta su arma estaba en el suelo. Un puño impactó en su estómago varias veces. Después, el puño de Edward impactó en la mejilla izquierda de Paul. Éste cayó al suelo. Rodó hasta su arma y disparó a Edward. Frunciendo el ceño, le propinó una patada en el estómago. Oyó unos tacones. Tap tap tap. Se alejaban de la habitación. Paul salió rápidamente. Tap tap tap. Bajaba por la escalera. Entonces la vio. Era una chica de unos diecisiete o dieciocho años. Era pelirroja. Sus ojos eran de color marrón chocolate, los distinguió cuando miró sobre su hombro. Era muy guapa. Tap tap tap. Llegó al pie de la escalera. Tap Tap Tap. Junto a la puerta... Paul solo tendría una oportunidad. Disparó su dardo. La mano de Cleo estaba acercandose al pomo... Se oyó un grito y Cleo cayó. El dardo le dio en la pierna derecha. Se oyó otro grito. Alguien se acercó a Cleo. Era una chica de unos diecinueve años. Rubia, ojos azules. Guapa, pero no tanto como las demás. Murmuraba algo como "Cleo soy Cris. Despierta". Paul bajó por las escaleras tranquila y lentamente. No había prisas. El dardo contenía una gran cantidad de somnifero. Llegó junto a la tal Cris. Antes de que levantara la cabeza, tenía clavado un dardo en su estómago. Paul soltó una carcajada, preguntandose quien sería el siguiente en caer.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Collegio D'Amore. Capítulo 13
Capítulo 13
El secuestro [Parte 2]
Gruñió de nuevo y empezó a buscar a los demás. Cuando estaba llegando a la puerta del comedor, salió una chica de una habitación. Tendría unos dieciocho años. Tenía el pelo cobrizo. Sus cejas rectas, nariz algo respingona, su boca pequeña con los labios suaves y carnosos... Él clavó sus ojos en los de ella. Esos ojos marrones con los destellos dorados que tanto le gustaban. Él se sentía feliz y triste, seguro y asustado, amado y abandonado... Todo a la vez. Reprimió un sollozo y fue hacia la chica. Ella se quedó quieta. Parecía que no le tenía miedo. Sus lágrimas caían por sus mejillas tras las gafas de sol. Mientras lloraba la miraba. Parecía que ella no le había reconocido. Reprimió de nuevo otro sollozo y rápidamente se tiró sobre ella. Cayeron al suelo juntos. Al final él quedó encima de ella.
- ¡Mátame! -dijo ella con odio mientras intentaba quitárselo de encima- ¡Hazlo ya!
- No -musitó él- nunca te mataré. No a ti
- ¿Qué? -preguntó ella asombrada. Tanto que se quedo petrificada
- Irene -musitó muy sonrojado- la verdad se descubre con el tiempo. Si quieres descubrirla ven conmigo. Te la mostraré
- ¡No! -gritó ella decidida- ¡Antes muerta!
No pudo pronunciar una palabra más pues él había juntado los labios con ella. Sus labios se movieron al unísono. Los labios de ella se abrieron a los de él. Entonces éste le atrapó el labio inferior entre sus dientes. La cogió por la nuca con una mano mientras la otra se enredaba en los cabellos de ella. Ambos jadeaban. Sus lenguas se había enredado. Las manos de ella estaban en la espalda de él. La acariciaba de arriba a abajo. Entonces él se dio cuenta. No se estaba dejando besar. Tampoco había recordado nada. Estaba buscando la pistola. La apartó bruscamente mientras las lágrimas regresaban a sus ojos. Ella se asustó un poco y se levantó. Él la imitó. Entonces sacó la pistola y le disparó un dardo. Cerró sus ojos cuando lo hizo. Después oyó el golpe sordo de su cuerpo. Empezó a sollozar mientras la cogía. Lo hizo delicadamente. Mientras caminaba por los pasillos la miraba. Recordaba también. Llegó hasta donde estaban los otros. La dejó delicadamente, no sin antes besar sus labios dulcemente una vez más. Empezó a vagar por el internado mientras pensaba. Sin darse cuenta llegó hasta la puerta de un baño. La abrió y fue hacia los lavabos. Se limpió la cara. Después miró por todo el baño. Parecía que no había nadie, pero entonces alguien corría hacia la puerta. Él le disparó. Le dio en el brazo. El chico cayó. Él se acercó al chico. Era un chico de unos dieciocho años. Era moreno. Sus ojos eran de color marrón. Era alto, delgado y estaba fibrado. Él le cogió, aunque le costó unos minutos hacerlo. Salió del baño. En el momento en el que cerró la puerta le pareció oír un sollozo. Volvería después, pensó. Le llevó hasta donde estaban los demás. Aliviado le soltó junto a Irene. La miró embelesado durante un instante. Entonces volvió sigilosamente a aquel baño, aunque no supo nunca como llegó tan rápido. Allí empezó a abrir todas las duchas. En la última encontró a otro chico. Tendría unos dieciocho también. Era rubio y sus ojos eran de color azul. Tenía los ojos algo grandes y su nariz era recta. Era alto, delgado y estaban tan fibrado como el otro. Las lágrimas caían por sus mejillas. Mientras él le miraba, Blad se levantó y se lanzó contra él. Forcejearon durante unos segundos, hasta que él le disparó un dardo. Blad cayó sobre el suelo. Difícilmente él le levantó, al igual que a Aitor, y le llevó junto a los demás. Entonces escuchó un murmullo. Éste procedía de una habitación. Sigilosamente se acercó a la puerta. Puso la oreja contra la puerta. Escuchó algunas frases
- Nos van a ir cogiendo uno a uno -decía una voz de chica- Es mejor que vayamos todos juntos
- No sabemos cuantos son -dijo un chico- Pudimos con estos tres. Además, Irene mató a los dos que custodiaban los cuerpos de los demás. No podemos arriesgarnos
- Si Irene no hubiera salido para salvarnos... -dijo de nuevo la chica- Podría matar a éste
- No digas tonterías Kate -dijo la voz de otra chica- Mi prima solo mató a esos dos porque nos estaban intentando dar una paliza
- Estoy de acuerdo con Olly, Kate -dijo el chico
- Olly... Jake... por favor
- Los demás ya se fueron Kate. Solo quedamos nosotros -dijo Jake- Somos cuatro desarmados y él tiene una pistola
- Blad y Aitor pueden regresar...
- Creo que no Olly -dijo la voz de otra chica
- ¿No quieres que tu novio vuelva, Jenny? -preguntó Olly
- ¡Claro que sí! ¡Lo mismo que tú con Blad!
- Bajad la voz -dijo Kate- Podrían oírnos
- Solamente creo que Aitor y Blad pelearan hasta que los cojan. Nada más -dijo Jenny. Entonces se escuchó un sollozo
Ese era momento para actuar. Él abrió al puerta de una patada. Ellos le miraron petrificados. Sonriendo él cargó la pistola y fue disparando uno a uno. Empezó a transportar sus cuerpos. Primero el de una chica morena. Tenía los ojos de color marrón chocolate. Sus facciones eran delicadas. Era alta, guapísima y tenía unas buenas piernas. Después cogió a la chica rubia. Era muy parecida a la morena. Sus ojos exactamente iguales. También alta, guapísimafibrado que los otros dos. Le costó algo levantarlo, pero lo llevó más rápidamente que a los otros dos. Cuando terminó se secó el sudor de su frente y resopló. Aún le quedaba trabajo.
El secuestro [Parte 2]
Gruñió de nuevo y empezó a buscar a los demás. Cuando estaba llegando a la puerta del comedor, salió una chica de una habitación. Tendría unos dieciocho años. Tenía el pelo cobrizo. Sus cejas rectas, nariz algo respingona, su boca pequeña con los labios suaves y carnosos... Él clavó sus ojos en los de ella. Esos ojos marrones con los destellos dorados que tanto le gustaban. Él se sentía feliz y triste, seguro y asustado, amado y abandonado... Todo a la vez. Reprimió un sollozo y fue hacia la chica. Ella se quedó quieta. Parecía que no le tenía miedo. Sus lágrimas caían por sus mejillas tras las gafas de sol. Mientras lloraba la miraba. Parecía que ella no le había reconocido. Reprimió de nuevo otro sollozo y rápidamente se tiró sobre ella. Cayeron al suelo juntos. Al final él quedó encima de ella.
- ¡Mátame! -dijo ella con odio mientras intentaba quitárselo de encima- ¡Hazlo ya!
- No -musitó él- nunca te mataré. No a ti
- ¿Qué? -preguntó ella asombrada. Tanto que se quedo petrificada
- Irene -musitó muy sonrojado- la verdad se descubre con el tiempo. Si quieres descubrirla ven conmigo. Te la mostraré
- ¡No! -gritó ella decidida- ¡Antes muerta!
No pudo pronunciar una palabra más pues él había juntado los labios con ella. Sus labios se movieron al unísono. Los labios de ella se abrieron a los de él. Entonces éste le atrapó el labio inferior entre sus dientes. La cogió por la nuca con una mano mientras la otra se enredaba en los cabellos de ella. Ambos jadeaban. Sus lenguas se había enredado. Las manos de ella estaban en la espalda de él. La acariciaba de arriba a abajo. Entonces él se dio cuenta. No se estaba dejando besar. Tampoco había recordado nada. Estaba buscando la pistola. La apartó bruscamente mientras las lágrimas regresaban a sus ojos. Ella se asustó un poco y se levantó. Él la imitó. Entonces sacó la pistola y le disparó un dardo. Cerró sus ojos cuando lo hizo. Después oyó el golpe sordo de su cuerpo. Empezó a sollozar mientras la cogía. Lo hizo delicadamente. Mientras caminaba por los pasillos la miraba. Recordaba también. Llegó hasta donde estaban los otros. La dejó delicadamente, no sin antes besar sus labios dulcemente una vez más. Empezó a vagar por el internado mientras pensaba. Sin darse cuenta llegó hasta la puerta de un baño. La abrió y fue hacia los lavabos. Se limpió la cara. Después miró por todo el baño. Parecía que no había nadie, pero entonces alguien corría hacia la puerta. Él le disparó. Le dio en el brazo. El chico cayó. Él se acercó al chico. Era un chico de unos dieciocho años. Era moreno. Sus ojos eran de color marrón. Era alto, delgado y estaba fibrado. Él le cogió, aunque le costó unos minutos hacerlo. Salió del baño. En el momento en el que cerró la puerta le pareció oír un sollozo. Volvería después, pensó. Le llevó hasta donde estaban los demás. Aliviado le soltó junto a Irene. La miró embelesado durante un instante. Entonces volvió sigilosamente a aquel baño, aunque no supo nunca como llegó tan rápido. Allí empezó a abrir todas las duchas. En la última encontró a otro chico. Tendría unos dieciocho también. Era rubio y sus ojos eran de color azul. Tenía los ojos algo grandes y su nariz era recta. Era alto, delgado y estaban tan fibrado como el otro. Las lágrimas caían por sus mejillas. Mientras él le miraba, Blad se levantó y se lanzó contra él. Forcejearon durante unos segundos, hasta que él le disparó un dardo. Blad cayó sobre el suelo. Difícilmente él le levantó, al igual que a Aitor, y le llevó junto a los demás. Entonces escuchó un murmullo. Éste procedía de una habitación. Sigilosamente se acercó a la puerta. Puso la oreja contra la puerta. Escuchó algunas frases
- Nos van a ir cogiendo uno a uno -decía una voz de chica- Es mejor que vayamos todos juntos
- No sabemos cuantos son -dijo un chico- Pudimos con estos tres. Además, Irene mató a los dos que custodiaban los cuerpos de los demás. No podemos arriesgarnos
- Si Irene no hubiera salido para salvarnos... -dijo de nuevo la chica- Podría matar a éste
- No digas tonterías Kate -dijo la voz de otra chica- Mi prima solo mató a esos dos porque nos estaban intentando dar una paliza
- Estoy de acuerdo con Olly, Kate -dijo el chico
- Olly... Jake... por favor
- Los demás ya se fueron Kate. Solo quedamos nosotros -dijo Jake- Somos cuatro desarmados y él tiene una pistola
- Blad y Aitor pueden regresar...
- Creo que no Olly -dijo la voz de otra chica
- ¿No quieres que tu novio vuelva, Jenny? -preguntó Olly
- ¡Claro que sí! ¡Lo mismo que tú con Blad!
- Bajad la voz -dijo Kate- Podrían oírnos
- Solamente creo que Aitor y Blad pelearan hasta que los cojan. Nada más -dijo Jenny. Entonces se escuchó un sollozo
Ese era momento para actuar. Él abrió al puerta de una patada. Ellos le miraron petrificados. Sonriendo él cargó la pistola y fue disparando uno a uno. Empezó a transportar sus cuerpos. Primero el de una chica morena. Tenía los ojos de color marrón chocolate. Sus facciones eran delicadas. Era alta, guapísima y tenía unas buenas piernas. Después cogió a la chica rubia. Era muy parecida a la morena. Sus ojos exactamente iguales. También alta, guapísimafibrado que los otros dos. Le costó algo levantarlo, pero lo llevó más rápidamente que a los otros dos. Cuando terminó se secó el sudor de su frente y resopló. Aún le quedaba trabajo.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Growing love. Capítulo 7
Stefan esperó a Elena en el pie de las escaleras. Extendió su mano derecha. Elena se la cogió sonriendo. Juntos subieron las escaleras. Llegaron rápidamente al pasillo. Stefan la llevó hasta la puerta de la habitación de Damon. Allí le soltó la mano y abrió la puerta. La habitación era como el propio Damon. Oscura, pero con un aire romántico, estilosa y algo seductora. Elena se acercó rápidamente a la cama de dosel sobre la que estaba acostado. Stefan le había quitado la camisa y su pecho estaba cubierto de vendas. Elena le acarició la cara dulcemente. Damon abrió los ojos sobresaltado. Al ver la ternura y el amor en los ojos de Elena se tranquilizó. Elena le sonrió dulcemente. Le abrazo con cuidado.
- Lo siento -dijo ella- fue todo culpa mía
- No lo sientas. Además Katherine solamente quiere jugar
- Entramos en su juego ¿verdad?
- Exacto. Al menos ahora no nos molestará...
- ¿Cómo? -le interrumpió Elena- ¡Es Katherine!
- No nos molestará por el momento. Hicimos lo que ella quería
- ¿Y cómo sigue ahora el juego?
- Ella lo decidirá -terció una voz desde la puerta. Era Stefan- Puede venir, puede matarnos, puede convertir o torturar a un ser querido... Si entras en su juego puedes salir muy mal parado. Al menos sabéis que primero me matará a mí.
- ¿Por qué? -preguntó Damon- ¿Qué hiciste?
- La dejé
- Uff... no hay nada peor que Katherine despechada -hicieron una mueca- Te daría un gran abrazo si pudiera moverme
Stefan soltó una carcajada. Damon le imitó. Elena miró a ambos. Por fin habían vuelto a llevarse medianamente bien. Por fin se comportaban como verdaderos hermanos. Entonces se oyó un ruido en la ventana. Una pequeña piedra había cascado el cristal. Elena se acercó a la ventana. Damon y Stefan empezaron a protestar. Entonces el cristal se rompió. Stefan protegió a Elena de los cristales. Entró alguien. Ella miró por encima del hombro de Stefan. La persona que acababa de entrar era... era Lexi. Alta, esbelta y guapísima, como siempre. Los tres se quedaron petrificados al verla. ¿Sería un peón de Katherine o estaría de su parte?. Antes de que se dieran cuenta, Stefan y Elena estaban siendo abrazados por ella. Ambos estaban muy sorprendidos. La mandíbula de Stefan colgaba libremente. Lexi, que no se dio cuenta de nada, se acercó a la cama de dosel sobre la que estaba Damon.
- No te pregunto que te pasó -dijo Lexi- seguro que te lo merecías
- Me salvó la vida -susurró Elena
- Dos veces -añadió Stefan
- ¿Y tú donde estabas para que la salvara él? -preguntó Lexi- ¡Es tu novia!
- La primera vez... atacándola. La segunda aquí, en casa, recuperándome
- ¡¿Qué?!
- Katherine -terció Damon con voz débil
- ¿Ha vuelto? -Stefan asintió- Y tú volviste como un perrito faldero tras 145 años ¿verdad?
Stefan se sonrojó levemente. Lexi puso los ojos en blanco y abrazó de nuevo a su mejor amigo. Después cogió la mano izquierda de Stefan y ambos salieron de la habitación. Elena abrió una botella de Gin Tonic y la mezcló con algo de sangre 0-, su mismo tipo de sangre, la favorita de Damon. El olor a alcohol inundó la habitación rápidamente. Elena le puso el vaso en los labios de Damon. Él los abrió lentamente, cuando lo hizo ella dejó caer el extraño contenido en su interior. Él lo aceptó gustosamente. Elena le rellenó el vaso de nuevo. Lo vertió en el interior de Damon. Éste abrió los ojos de nuevo. Miró a Elena. Ésta se levantó y dejó ambas botellas y el vaso en la mesa de las que la había cogido, estaba en el centro de la habitación. Después se sentó en la cama junto a Damon. Le cogió la mano y entrelazó sus dedos. Damon se volvió a dormir rápidamente. Elena miraba a Damon, casi embelesada. Pensaba darle una oportunidad... si se lo pedía claro. Elena, sin soltar la mano de Damon, se metió en la cama junto a él y puso su cabeza encima de su pecho. Parecía que ya no le dolía tanto. Minutos después, pese a no estar muy cansada, cerró los ojos y cayó en los brazos de Morfeo...
Mientras, en el instituto, Bonnie y Matt caminaban por los pasillos. Bonnie había fingido una enfermedad en la clase de Filosofía y supuestamente Matt la acompañaba a enfermería. En realidad, estaban buscando a Elena. Matt había visto unas gotas de sangre en la clase anterior. Estaba seguro de que algo había pasado con Elena, por lo que se lo dijo a Bonnie. Ella le creyó inmediatamente. La buscaron en la hora de la comida. No la encontraron. En ese momento habían salido a buscarles de nuevo. No estaba ni en los baños, ni en el patio, ni en el aparcamiento... Además Bonnie se había fijado en que el coche de Elena no estaba allí. Al que si vieron fue a Stefan. Estaba muy pálido y parecía temeroso. Como si esperara algo... o a alguien. Iba junto a una chica rubia, alta, esbelta y muy guapa. Ella no era alumna del instituto, por lo que ni Bonnie ni Matt la conocían. Se cruzaron dos veces con ellos. La primera vez fue junto a la clase de Alaric cuando Matt y Bonnie fueron a mirar la sangre de nuevo antes de que llegaran los alumnos o el propio Alaric. La segunda vez fue junto a los baños minutos después. No encontraron a Elena, por lo que Bonnie fue hacia la enfermería y Matt volvió a la clase. Terminó la hora. Ni Matt ni Bonnie tenían más clases, por lo que éste último fue a buscarla a la enfermería. Bonnie, que se sabía gracias a Elena el horario de Stefan, sabía que tampoco. Matt y ella acordaron abordarlo antes de que se fuera. Buscaron por todos sitios. Finalmente le encontraron...
- Lo siento -dijo ella- fue todo culpa mía
- No lo sientas. Además Katherine solamente quiere jugar
- Entramos en su juego ¿verdad?
- Exacto. Al menos ahora no nos molestará...
- ¿Cómo? -le interrumpió Elena- ¡Es Katherine!
- No nos molestará por el momento. Hicimos lo que ella quería
- ¿Y cómo sigue ahora el juego?
- Ella lo decidirá -terció una voz desde la puerta. Era Stefan- Puede venir, puede matarnos, puede convertir o torturar a un ser querido... Si entras en su juego puedes salir muy mal parado. Al menos sabéis que primero me matará a mí.
- ¿Por qué? -preguntó Damon- ¿Qué hiciste?
- La dejé
- Uff... no hay nada peor que Katherine despechada -hicieron una mueca- Te daría un gran abrazo si pudiera moverme
Stefan soltó una carcajada. Damon le imitó. Elena miró a ambos. Por fin habían vuelto a llevarse medianamente bien. Por fin se comportaban como verdaderos hermanos. Entonces se oyó un ruido en la ventana. Una pequeña piedra había cascado el cristal. Elena se acercó a la ventana. Damon y Stefan empezaron a protestar. Entonces el cristal se rompió. Stefan protegió a Elena de los cristales. Entró alguien. Ella miró por encima del hombro de Stefan. La persona que acababa de entrar era... era Lexi. Alta, esbelta y guapísima, como siempre. Los tres se quedaron petrificados al verla. ¿Sería un peón de Katherine o estaría de su parte?. Antes de que se dieran cuenta, Stefan y Elena estaban siendo abrazados por ella. Ambos estaban muy sorprendidos. La mandíbula de Stefan colgaba libremente. Lexi, que no se dio cuenta de nada, se acercó a la cama de dosel sobre la que estaba Damon.
- No te pregunto que te pasó -dijo Lexi- seguro que te lo merecías
- Me salvó la vida -susurró Elena
- Dos veces -añadió Stefan
- ¿Y tú donde estabas para que la salvara él? -preguntó Lexi- ¡Es tu novia!
- La primera vez... atacándola. La segunda aquí, en casa, recuperándome
- ¡¿Qué?!
- Katherine -terció Damon con voz débil
- ¿Ha vuelto? -Stefan asintió- Y tú volviste como un perrito faldero tras 145 años ¿verdad?
Stefan se sonrojó levemente. Lexi puso los ojos en blanco y abrazó de nuevo a su mejor amigo. Después cogió la mano izquierda de Stefan y ambos salieron de la habitación. Elena abrió una botella de Gin Tonic y la mezcló con algo de sangre 0-, su mismo tipo de sangre, la favorita de Damon. El olor a alcohol inundó la habitación rápidamente. Elena le puso el vaso en los labios de Damon. Él los abrió lentamente, cuando lo hizo ella dejó caer el extraño contenido en su interior. Él lo aceptó gustosamente. Elena le rellenó el vaso de nuevo. Lo vertió en el interior de Damon. Éste abrió los ojos de nuevo. Miró a Elena. Ésta se levantó y dejó ambas botellas y el vaso en la mesa de las que la había cogido, estaba en el centro de la habitación. Después se sentó en la cama junto a Damon. Le cogió la mano y entrelazó sus dedos. Damon se volvió a dormir rápidamente. Elena miraba a Damon, casi embelesada. Pensaba darle una oportunidad... si se lo pedía claro. Elena, sin soltar la mano de Damon, se metió en la cama junto a él y puso su cabeza encima de su pecho. Parecía que ya no le dolía tanto. Minutos después, pese a no estar muy cansada, cerró los ojos y cayó en los brazos de Morfeo...
Mientras, en el instituto, Bonnie y Matt caminaban por los pasillos. Bonnie había fingido una enfermedad en la clase de Filosofía y supuestamente Matt la acompañaba a enfermería. En realidad, estaban buscando a Elena. Matt había visto unas gotas de sangre en la clase anterior. Estaba seguro de que algo había pasado con Elena, por lo que se lo dijo a Bonnie. Ella le creyó inmediatamente. La buscaron en la hora de la comida. No la encontraron. En ese momento habían salido a buscarles de nuevo. No estaba ni en los baños, ni en el patio, ni en el aparcamiento... Además Bonnie se había fijado en que el coche de Elena no estaba allí. Al que si vieron fue a Stefan. Estaba muy pálido y parecía temeroso. Como si esperara algo... o a alguien. Iba junto a una chica rubia, alta, esbelta y muy guapa. Ella no era alumna del instituto, por lo que ni Bonnie ni Matt la conocían. Se cruzaron dos veces con ellos. La primera vez fue junto a la clase de Alaric cuando Matt y Bonnie fueron a mirar la sangre de nuevo antes de que llegaran los alumnos o el propio Alaric. La segunda vez fue junto a los baños minutos después. No encontraron a Elena, por lo que Bonnie fue hacia la enfermería y Matt volvió a la clase. Terminó la hora. Ni Matt ni Bonnie tenían más clases, por lo que éste último fue a buscarla a la enfermería. Bonnie, que se sabía gracias a Elena el horario de Stefan, sabía que tampoco. Matt y ella acordaron abordarlo antes de que se fuera. Buscaron por todos sitios. Finalmente le encontraron...
Collegio D'Amore. Capítulo 12
Capítulo 12
El secuestro [Parte 1]
Damon y Stefan fueron los primeros en reaccionar. Corrieron hacia el vestíbulo. Cuando iban a subir las escaleras, la puerta principal se abrió de par en par. Tras ella, cinco hombres de negro les miraban con odio. Antes de que pudieran dar un solo paso, los hombres de negro dispararon a ambos. Stefan reaccionó e intentó proteger a su hermano. Por lo que recibió los dos disparos. Uno le dio en el pecho y el otro en la pierna derecha. Antes de caer, Stefan se miró su pecho y su pierna derecha. Le acababan de disparar dardos tranquilizantes. Después cayó por las escaleras sin poder evitarlo a los brazos de Morfeo.
Damon seguía petrificado. Uno de los hombres de negro le disparó un dardo mientras sonreía ampliamente. Damon rodó un tramo de las escaleras y cayó sobre su hermano. Tres hombres de negro salieron corriendo. Los dos restantes se quedaron junto a la puerta para que nadie escapara. Uno de los tres hombres de negro fue a la planta de arriba. Justo cuando puso el pie en el pasillo de las habitaciones, una chica salía de allí. Esa chica era Annia. Ésta pensó en gritar. Cuando estuvo apunto de hacerlo, el hombre de negro se abalanzó sobre ella. Mientras él la golpeaba, ella se defendía como podía. Finalmente, Annia logró morder su cuello. El hombre de negro, enfadado, empezó a golpearla brutalmente. Annia quedó inconsciente. El hombre le clavó uno de los dardos y la llevó al pie de las escaleras. Allí ya estaban atados Stefan y Damon. Cuando terminó de atarla subió de nuevo. Empezó a registrar todas las habitaciones, hasta que finalmente en una encontró a una chica. Esa chica era Emma. Ésta gritó. Algo que no le sirvió de nada, pues estaba sola en la planta de arriba. El hombre se fijó en que no se podía mover.
- Parece que te salvaron ¿no? - preguntó él con un fuerte acento alemán
- ¿Qué dices?- le respondió ella muy asustada
- No nos sirves -la miró fríamente mientras sacaba la pistola
- Por favor... no me mate... haré lo que usted quiera... por favor -dijo ella entre sollozos
Entonces el hombre de negro disparó. Sonrío ampliamente. Le gustaba hacerle creer a esa chica que la podría matar si él quisiera. Sin embargo no lo hizo por que intuyó que le podría servir. La cogió bruscamente. Fue hacia el umbral de la puerta. Fue a traspasarlo, pero alguien se lo impidió. Era un chico pequeño. Su pelo era de color cobrizo. El hombre sonrió leve y le apartó delicadamente. Después fue hacia las escaleras de nuevo. Parecía que los demás estaban teniendo dificultades para atrapar a los demás, pues solo estaban los que él había capturado, aparte de los dos hermanos. Dejó a la chica junto a los demás y fue hacia uno de los pasillos de la planta baja. Puso su oreja en todas las puertas esperando oír un susurro. Finalmente lo consiguió. Abrió la puerta lentamente. Era un cuarto muy pequeño. Dentro solo había dos lavadoras y una secadora, aparte de un chico. Tendría unos diecinueve años mas o menos. Era moreno. Sus ojos eran de color marrón, casi tan negro como su pelo. Llevaba una barba de varios días. Sus ojos mostraban desesperación. Sonriendo le lanzó un dardo tranquilizante. El chico lo esquivó ágilmente. Gruñiendo, el hombre de negro le hizó un placaje y le dejó tirado en el suelo. Después, le durmió con el dardo. El hombre de negro frució el ceño. ¿El chico estaba hablando solo?. Habría jurado que acababa de escuchar un susurro. Entonces oyó un crujido a su espalda. Se dio la vuelta rápidamente. Una chica estaba corriendo por el pasillo. Tendría unos diecinueve años. Mas o menos igual que el chico que acababa de atrapar. El hombre de negro se lanzó contra ella. Era morena y sus ojos eran de un color azul verdoso. Su pelo era largo. Sus labios carnosos. Era bastante guapa. El hombre de negro la tiró contra el suelo. Ella sollozaba inaudiblemente.
- Por favor no le mate -dijo ella mientras clavaba sus ojos en los de él
- Dame una buena razón pequeña -contestó de forma burlesca
- Le quiero -el hombre de negro sonrió- No mate a mi Iker por f... ¡Ah!
No pude decir una palabra más, pues el hombre de negro le acababa de clavar un dardo en su pierna derecha. Sonriendo, el hombre de negro se levantó y la cogió. La llevó junto a los demás. Los otros inútiles no habían cogido a nadie. Los dos que custodiaban a los que él había llegado le miraron. Después dijeron que los demás estaban vigilando la entrada por si se escapaba alguno. "¡Inútiles!" exclamó antes de ir a recoger a Iker. Llegó allí rápidamente. Lo cogió. Se dio cuenta de que al caer se había dado un golpe en la cabeza. Tenía muy mala pinta. Lo llevó rápidamente con los de la puerta. Cuando llegó vio que ambos estaban inconscientes. Él soltó un gruñido y dejó a Iker en el suelo. Junto a Sara. Sacó la cabeza por las puertas de robles. Un hombre de negro estaba rondando por allí
- ¡Tú! -masculló él- No salió nadie ¿verdad?
- No salió nadie, señor -respondió el otro
Gruño de nuevo y cerró la puerta cuando metió la cabeza de nuevo. Miró a su alrededor. Nada. Ni nadie. Miró los cuerpos de los hombres de negro. Aterrorizado vio como ambos tenían clavados cuchillos en el corazón. Le intentó encontrar el pulso a ambos. Ninguno tenía. Gruño esta vez más fuerte. Cogió sus cuerpos y los tiró fuera del internado, alarmando al guardia. Cerró la puerta de nuevo
- ¡Salid, pequeños, salid. Os daré un paliza tan grande que desearíais no haber nacido nunca!
El secuestro [Parte 1]
Damon y Stefan fueron los primeros en reaccionar. Corrieron hacia el vestíbulo. Cuando iban a subir las escaleras, la puerta principal se abrió de par en par. Tras ella, cinco hombres de negro les miraban con odio. Antes de que pudieran dar un solo paso, los hombres de negro dispararon a ambos. Stefan reaccionó e intentó proteger a su hermano. Por lo que recibió los dos disparos. Uno le dio en el pecho y el otro en la pierna derecha. Antes de caer, Stefan se miró su pecho y su pierna derecha. Le acababan de disparar dardos tranquilizantes. Después cayó por las escaleras sin poder evitarlo a los brazos de Morfeo.
Damon seguía petrificado. Uno de los hombres de negro le disparó un dardo mientras sonreía ampliamente. Damon rodó un tramo de las escaleras y cayó sobre su hermano. Tres hombres de negro salieron corriendo. Los dos restantes se quedaron junto a la puerta para que nadie escapara. Uno de los tres hombres de negro fue a la planta de arriba. Justo cuando puso el pie en el pasillo de las habitaciones, una chica salía de allí. Esa chica era Annia. Ésta pensó en gritar. Cuando estuvo apunto de hacerlo, el hombre de negro se abalanzó sobre ella. Mientras él la golpeaba, ella se defendía como podía. Finalmente, Annia logró morder su cuello. El hombre de negro, enfadado, empezó a golpearla brutalmente. Annia quedó inconsciente. El hombre le clavó uno de los dardos y la llevó al pie de las escaleras. Allí ya estaban atados Stefan y Damon. Cuando terminó de atarla subió de nuevo. Empezó a registrar todas las habitaciones, hasta que finalmente en una encontró a una chica. Esa chica era Emma. Ésta gritó. Algo que no le sirvió de nada, pues estaba sola en la planta de arriba. El hombre se fijó en que no se podía mover.
- Parece que te salvaron ¿no? - preguntó él con un fuerte acento alemán
- ¿Qué dices?- le respondió ella muy asustada
- No nos sirves -la miró fríamente mientras sacaba la pistola
- Por favor... no me mate... haré lo que usted quiera... por favor -dijo ella entre sollozos
Entonces el hombre de negro disparó. Sonrío ampliamente. Le gustaba hacerle creer a esa chica que la podría matar si él quisiera. Sin embargo no lo hizo por que intuyó que le podría servir. La cogió bruscamente. Fue hacia el umbral de la puerta. Fue a traspasarlo, pero alguien se lo impidió. Era un chico pequeño. Su pelo era de color cobrizo. El hombre sonrió leve y le apartó delicadamente. Después fue hacia las escaleras de nuevo. Parecía que los demás estaban teniendo dificultades para atrapar a los demás, pues solo estaban los que él había capturado, aparte de los dos hermanos. Dejó a la chica junto a los demás y fue hacia uno de los pasillos de la planta baja. Puso su oreja en todas las puertas esperando oír un susurro. Finalmente lo consiguió. Abrió la puerta lentamente. Era un cuarto muy pequeño. Dentro solo había dos lavadoras y una secadora, aparte de un chico. Tendría unos diecinueve años mas o menos. Era moreno. Sus ojos eran de color marrón, casi tan negro como su pelo. Llevaba una barba de varios días. Sus ojos mostraban desesperación. Sonriendo le lanzó un dardo tranquilizante. El chico lo esquivó ágilmente. Gruñiendo, el hombre de negro le hizó un placaje y le dejó tirado en el suelo. Después, le durmió con el dardo. El hombre de negro frució el ceño. ¿El chico estaba hablando solo?. Habría jurado que acababa de escuchar un susurro. Entonces oyó un crujido a su espalda. Se dio la vuelta rápidamente. Una chica estaba corriendo por el pasillo. Tendría unos diecinueve años. Mas o menos igual que el chico que acababa de atrapar. El hombre de negro se lanzó contra ella. Era morena y sus ojos eran de un color azul verdoso. Su pelo era largo. Sus labios carnosos. Era bastante guapa. El hombre de negro la tiró contra el suelo. Ella sollozaba inaudiblemente.
- Por favor no le mate -dijo ella mientras clavaba sus ojos en los de él
- Dame una buena razón pequeña -contestó de forma burlesca
- Le quiero -el hombre de negro sonrió- No mate a mi Iker por f... ¡Ah!
No pude decir una palabra más, pues el hombre de negro le acababa de clavar un dardo en su pierna derecha. Sonriendo, el hombre de negro se levantó y la cogió. La llevó junto a los demás. Los otros inútiles no habían cogido a nadie. Los dos que custodiaban a los que él había llegado le miraron. Después dijeron que los demás estaban vigilando la entrada por si se escapaba alguno. "¡Inútiles!" exclamó antes de ir a recoger a Iker. Llegó allí rápidamente. Lo cogió. Se dio cuenta de que al caer se había dado un golpe en la cabeza. Tenía muy mala pinta. Lo llevó rápidamente con los de la puerta. Cuando llegó vio que ambos estaban inconscientes. Él soltó un gruñido y dejó a Iker en el suelo. Junto a Sara. Sacó la cabeza por las puertas de robles. Un hombre de negro estaba rondando por allí
- ¡Tú! -masculló él- No salió nadie ¿verdad?
- No salió nadie, señor -respondió el otro
Gruño de nuevo y cerró la puerta cuando metió la cabeza de nuevo. Miró a su alrededor. Nada. Ni nadie. Miró los cuerpos de los hombres de negro. Aterrorizado vio como ambos tenían clavados cuchillos en el corazón. Le intentó encontrar el pulso a ambos. Ninguno tenía. Gruño esta vez más fuerte. Cogió sus cuerpos y los tiró fuera del internado, alarmando al guardia. Cerró la puerta de nuevo
- ¡Salid, pequeños, salid. Os daré un paliza tan grande que desearíais no haber nacido nunca!
viernes, 19 de noviembre de 2010
Growing love. Capítulo 6
Capitulo dedicados a las Stefanitas de Vd ;)
Katherine rió al ver la cara de la pobre Elena. Elena la miró muy mal. Katherine, aún riendo, no apartó la mirada de Elena. Ésta si la apartó rápidamente. Los ojos -sus ojos- de Katherine emitían un brillo maléfico. Ese brillo podría aparecer alguna vez en sus ojos... Se estremeció. Después miró a su madre, a Isobel. Ella no le devolvió la mirada. Finalmente, Elena miró a Lee. Ella se sentía traicionada. Lee miraba fijamente a Damon. Le miraba con repugnancia. Damon se había colocado delante de ella sin que se diera cuenta. Tenía una postura defensiva. La estaba protegiendo.
- ¿Qué planeas? -le preguntó Elena a Katherine por encima del hombro izquierdo de Damon
- Solamente quiero hablar con un viejo amigo
- Mentira -susurró Damon- no es lo que buscas
- Sabes que me gusta jugar Damon -Katherine rió- no te diré lo que planeo... a menos que...
- ¿Por qué estás aquí? -dijo Damon ignorandola
- No te lo diré
- ¿Y que haces aquí?
- Jugar con mi almuerzo
Damon gruñió a Katherine. Ésta rió de nuevo. Empezó a dar vueltas. Estaba buscando un punto débil en la defensa de Damon. La estaba acechando. Lee estaba preparado para atacar. Seguía mirando a Damon fijamente. Isobel, sin embargo, no se había movido. Miraba al suelo y a su hija alternativamente. Nunca miraba mucho a Elena. Parecía que su imagen le quemaba los ojos. Damon miraba alternativamente a Katherine y a Lee. Mucho más a ella, por supuesto. Un segundo después de que Elena se fijara en todo eso, Katherine fue hacia una mesa, a velocidad humana, y le arrancó una pata. La tiró contra el punto débil de la defensa de Damon. Contra Elena. Pocos segundos después, Elena salía con Damon por la ventana. Él la llevaba en volandas. Cayeron suavemente en los jardines. Damon, a velocidad vampírica, fue junto al coche de Elena. La metió dentro y se metió él después. Entonces, Elena se fijó en que la pata de la mesa traspasaba la camisa de Damon. No había tocado por un pelo su corazón.
- No te preocupes -dijo él tranquilizandola
- ¿Qué no me preocupe? -preguntó- ¡Casi te matan!
- Falló
- Por muy poco
- Falló aposta. Si hubiera querido matarnos ya lo habría echo, pero de momento no estamos a salvo. Vamos a mi casa
- Pero...
- Sin peros -dijo Damon fríamente
Elena arrancó el coche con el ceño fruncido. No le gustaba que le dieran órdenes, pero Damon parecía necesitarlo de verdad. Condujo por todo el pueblo a mayor velocidad de la permitida. Mientras conducía por la carretera que llevaba a casa de los Salvatore, miraba por la ventanilla. Esperaba ver a Katherine, a Isobel, a Lee o... a Stefan. Aunque estuviera con Katherine. Ella necesitaba verlo. Elena suspiró. Parecía que Damon lo había comprendido, pues había fruncido el ceño mientras la miraba. Elena pisó el acelerador aún más. Minutos después, su coche ya estaba aparcado en el garaje de los hermanos Salvatore. Al salir, Damon se tambaleó un poco. Elena fue rápidamente junto a él. Dejó que él se apoyara en ella. Caminaron por el garaje lentamente. Por fin llegaron a la puerta que comunicaba con el salón. Elena giró el pomo lentamente y abrió la puerta. Tras el umbral no había nadie. Un segundo después si había alguien. Era... era Stefan. Ni siquiera se molestó en preguntarle que hacía allí a Elena cuando vio a Damon. Inmediatamente apartó a Elena, sin apenas tocarla, y cogió a Damon. Gracias a su velocidad vampírica se lo llevó rápidamente. Mientras Elena entró al salón. Alguien carraspeó. Stefan acababa de entrar de nuevo. En su mano llevaba la pata de la mesa que Katherine tiró contra ella.
- Lo siento -dijo antes de que Elena dijera algo- por todo
- ¿Debería aceptar tus disculpas?
- Dejé a Katherine -Stefan miró a Elena- casi me mata. Se puso furiosa. Por eso fue a buscarte. Por cierto, no te digo esto para que volvamos
- ¿Entonces?
- Lo dije para que lo supieras. Para que cuando Damon o tú necesiteis ayuda estaré ahí
- Gracias Stefan
- Fuí un imbécil -dijo- sabía que tenía que conocerte. Solamente necesitaba conocerte para saber si superé lo de Katherine
- Lo hiciste Stefan. Yo lo sé -Elena se acercó a Stefan y le abrazó
- No te merezco ni como amiga -Las lágrimas de Stefan cayeron sobre el cabello de Elena- Y mucho menos como novia
- ¿Entonces quién me merece?
- Sabes que está enamorado de ti -Elena se sonrojó- y que besó a Katherine pensando que eras tú. Damon nunca quiso a nadie, excepto a Katherine. Te abrió su corazón, por favor no lo rompas como hizo ella. Como hizo Katherine.
- La única diferencia entre nosotras es que ella es una gran perra y yo no.
- Ahora lo sé -dijo Stefan mirando a Elena a los ojos- Estaba liada con Lee también
- ¿Y qué pasó con Lexi?
- Intento encontrarla
- Lo harás
- ¿Cómo estás tan segura?
- Una vez sentí celos de Lexi...
- ¡Era solo una amiga, Elena! -la interrumpió Stefan
- ...y no creo que tuviera motivos
- Exacto
- Pero creo que te gusta -Stefan se sorprendió al sentir como se sonrojaba- aunque siempre estuviste...
Damon lo pudo olvidar cuando te conoció, pero yo...
- Tú también lo hiciste, Stefan. Tú me amaste. No por mi aspecto, sino por mi corazón -Stefna sonrió levemente
- ¿Quieres ver a Damon? -Elena asintió- ven conmigo
Katherine rió al ver la cara de la pobre Elena. Elena la miró muy mal. Katherine, aún riendo, no apartó la mirada de Elena. Ésta si la apartó rápidamente. Los ojos -sus ojos- de Katherine emitían un brillo maléfico. Ese brillo podría aparecer alguna vez en sus ojos... Se estremeció. Después miró a su madre, a Isobel. Ella no le devolvió la mirada. Finalmente, Elena miró a Lee. Ella se sentía traicionada. Lee miraba fijamente a Damon. Le miraba con repugnancia. Damon se había colocado delante de ella sin que se diera cuenta. Tenía una postura defensiva. La estaba protegiendo.
- ¿Qué planeas? -le preguntó Elena a Katherine por encima del hombro izquierdo de Damon
- Solamente quiero hablar con un viejo amigo
- Mentira -susurró Damon- no es lo que buscas
- Sabes que me gusta jugar Damon -Katherine rió- no te diré lo que planeo... a menos que...
- ¿Por qué estás aquí? -dijo Damon ignorandola
- No te lo diré
- ¿Y que haces aquí?
- Jugar con mi almuerzo
Damon gruñió a Katherine. Ésta rió de nuevo. Empezó a dar vueltas. Estaba buscando un punto débil en la defensa de Damon. La estaba acechando. Lee estaba preparado para atacar. Seguía mirando a Damon fijamente. Isobel, sin embargo, no se había movido. Miraba al suelo y a su hija alternativamente. Nunca miraba mucho a Elena. Parecía que su imagen le quemaba los ojos. Damon miraba alternativamente a Katherine y a Lee. Mucho más a ella, por supuesto. Un segundo después de que Elena se fijara en todo eso, Katherine fue hacia una mesa, a velocidad humana, y le arrancó una pata. La tiró contra el punto débil de la defensa de Damon. Contra Elena. Pocos segundos después, Elena salía con Damon por la ventana. Él la llevaba en volandas. Cayeron suavemente en los jardines. Damon, a velocidad vampírica, fue junto al coche de Elena. La metió dentro y se metió él después. Entonces, Elena se fijó en que la pata de la mesa traspasaba la camisa de Damon. No había tocado por un pelo su corazón.
- No te preocupes -dijo él tranquilizandola
- ¿Qué no me preocupe? -preguntó- ¡Casi te matan!
- Falló
- Por muy poco
- Falló aposta. Si hubiera querido matarnos ya lo habría echo, pero de momento no estamos a salvo. Vamos a mi casa
- Pero...
- Sin peros -dijo Damon fríamente
Elena arrancó el coche con el ceño fruncido. No le gustaba que le dieran órdenes, pero Damon parecía necesitarlo de verdad. Condujo por todo el pueblo a mayor velocidad de la permitida. Mientras conducía por la carretera que llevaba a casa de los Salvatore, miraba por la ventanilla. Esperaba ver a Katherine, a Isobel, a Lee o... a Stefan. Aunque estuviera con Katherine. Ella necesitaba verlo. Elena suspiró. Parecía que Damon lo había comprendido, pues había fruncido el ceño mientras la miraba. Elena pisó el acelerador aún más. Minutos después, su coche ya estaba aparcado en el garaje de los hermanos Salvatore. Al salir, Damon se tambaleó un poco. Elena fue rápidamente junto a él. Dejó que él se apoyara en ella. Caminaron por el garaje lentamente. Por fin llegaron a la puerta que comunicaba con el salón. Elena giró el pomo lentamente y abrió la puerta. Tras el umbral no había nadie. Un segundo después si había alguien. Era... era Stefan. Ni siquiera se molestó en preguntarle que hacía allí a Elena cuando vio a Damon. Inmediatamente apartó a Elena, sin apenas tocarla, y cogió a Damon. Gracias a su velocidad vampírica se lo llevó rápidamente. Mientras Elena entró al salón. Alguien carraspeó. Stefan acababa de entrar de nuevo. En su mano llevaba la pata de la mesa que Katherine tiró contra ella.
- Lo siento -dijo antes de que Elena dijera algo- por todo
- ¿Debería aceptar tus disculpas?
- Dejé a Katherine -Stefan miró a Elena- casi me mata. Se puso furiosa. Por eso fue a buscarte. Por cierto, no te digo esto para que volvamos
- ¿Entonces?
- Lo dije para que lo supieras. Para que cuando Damon o tú necesiteis ayuda estaré ahí
- Gracias Stefan
- Fuí un imbécil -dijo- sabía que tenía que conocerte. Solamente necesitaba conocerte para saber si superé lo de Katherine
- Lo hiciste Stefan. Yo lo sé -Elena se acercó a Stefan y le abrazó
- No te merezco ni como amiga -Las lágrimas de Stefan cayeron sobre el cabello de Elena- Y mucho menos como novia
- ¿Entonces quién me merece?
- Sabes que está enamorado de ti -Elena se sonrojó- y que besó a Katherine pensando que eras tú. Damon nunca quiso a nadie, excepto a Katherine. Te abrió su corazón, por favor no lo rompas como hizo ella. Como hizo Katherine.
- La única diferencia entre nosotras es que ella es una gran perra y yo no.
- Ahora lo sé -dijo Stefan mirando a Elena a los ojos- Estaba liada con Lee también
- ¿Y qué pasó con Lexi?
- Intento encontrarla
- Lo harás
- ¿Cómo estás tan segura?
- Una vez sentí celos de Lexi...
- ¡Era solo una amiga, Elena! -la interrumpió Stefan
- ...y no creo que tuviera motivos
- Exacto
- Pero creo que te gusta -Stefan se sorprendió al sentir como se sonrojaba- aunque siempre estuviste...
Damon lo pudo olvidar cuando te conoció, pero yo...
- Tú también lo hiciste, Stefan. Tú me amaste. No por mi aspecto, sino por mi corazón -Stefna sonrió levemente
- ¿Quieres ver a Damon? -Elena asintió- ven conmigo
domingo, 7 de noviembre de 2010
Growing love. Capítulo 5
Entonces Elena entendió el "no me las des todavía" de Damon. Era Stefan. Él clavó sus ojos en el cuello de Elena. Ella intentó entrar a la clase, pero algo se lo impidió. Stefan la tenía cogida del brazo. Le apretaba tan fuerte como el día anterior. Entonces Bonnie compuso en su cara una sonrisa macabra y miró a Stefan. Elena se fijó en la gotas de sudor que había en la frente de Bonnie. Unos segundos después, Stefan soltó una carcajada y soltó el brazo de Elena. Bonnie parecíe ligeramente sorprendida. Stefan entró en la clase seguido por Bonnie y Elena. Cada uno se sentó en su sitio correspondiente. Minutos después, entró Alaric. Parecía más feliz que de costumbre. Parecía que nadie, excepto Elena, lo notaba. Elena no atendía la clase de Alaric. Hablaba de Primera Guerra Mundial. Elena para distraerse un poco miró por la ventana. Por ella veía el cielo azul, los pájaritos que cantaban en las copas de los árboles, los que volaban por el cielo... Libres. Elena sacudió la cabeza y miró de nuevo. Allí había algo que no estaba antes. Era Isobel. Elena estubo segura de que Alaric también lo había visto, pues perdió el hilo de lo que estaba diciendo. Alaric intercambió una mirada con Elena unos minutos después. Estaba pálido. Elena supuso que estaba pensando en la misma persona que ella. Jenna. Las tres horas se le pasaron muy lentamente a Elena. Cuando por fin terminaron fue al sitio de Bonnie. Antes de que llegara Stefan la tenía nuevamente cogida del brazo. Elena miró a su alrededor. Todos se habían ido, excepto Bonnie. Ésta tenía de nuevo gotas de sudor en su frente.
- Tenemos que hablar -le dijo él- Ahora
- No
- ¿Por qué?
- ¡Porque no te quiero volver a ver en mi vida! -Elena clavó sus ojos en los de Stefan- ¿Entiendes?
- No -dijo él apartando sus ojos de los de ella- Yo te quiero
- ¿Por qué no lo pensaste antes?
- Fue un error
- Claro, por eso salvaste a Katherine ¿verdad? -terció Bonnie- Por eso quisiste matarnos a Matt y a mí
- Fue otro error -dijo mirando a Bonnie- Por cierto deja de intentar atacarme. No conseguiras nada
- ¿Por qué? -preguntó Elena. Miró a Bonnie. Ésta miraba una pulsera que llevaba Stefan
- Por que Emily encantó esa pulsera para proteger a alguien de brujas -dijo Bonnie con un hilo de voz- Supongo que sería a Katherine
- Bingo -dijo Stefan mientras miraba a Elena de nuevo- Elena por favor dejame hablar contigo
- Primero deja a Katherine
- La quiero -Elena veía el dolor de Stefan en sus ojos- y a ti también
- Damon -murmuró Elena segura de que él la escucharía
Un segundo después Elena volaba por los aires. Ésta sintió que no se hacía daño al caer. Miró a Bonnie. Estaba murmurando algo. Cuando se pudo incorporar corrió hacia ella. La cogió de un brazo y se la intentó llevar, pero no pudo. Elena no podía ver la pelea de los hermanos Salvatore, pues eran demasiado rápidos con los golpes. Brevemente se fijaba en alguna escena, como cuando el codo derecho de Stefan impactaba en el estómago de Damon o cuando el puño de Damon impactaba contra la nariz de Stefan. Fueron unos minutos angustiosos para Elena, pero al fin acabó la pelea. Stefan escapó por la ventana. Elena fue corriendo hacia Damon. Estaba lleno de sangre, de ambos, tenía cortes en la cara y la camisa medio desgarrada.
- Me curaré rápido -dijo él al ver la cara de Elena- soy un vampiro ¿recuerdas?
- Sí -dijo Elena con un hilo de voz
- Me las va a pagar -murmuró Damon
- ¡Ni se te ocurra ir a buscarle! -le gritó Elena- Tiene la protección de Katherine y también de Isobel
- Lo sé. Isobel me entretuvo. Hubiera llegado mucho antes.
- ¿Qué le pasó?
- Está bien -dijo Bonnie. Elena la miró- Siento su presencia. Viene hacia aquí, y no sola
Elena se fijó de nuevo en Damon. Ya tenía todas las heridas cicatrizadas. No se notaba que había tenido la pelea, excepto por la camisa destrozada. Antes de que Elena abriera la boca, él desapareció. Volvió unos diez segundos después con una camisa exactamente igual a la que le había destrozado Stefan. Damon, con ademán protector, se puso delante de Elena. Entonces la puerta se abrió. En su umbral estaban tres vampiros conocidos. A Elena se le salieron los ojos de sus órbitas cuando les vió. Katherine, exactamente igual que Elena hasta en la ropa, Isobel, también parecida a Elena y... Lee. Era totalmente imposible. O no, pensó Elena. Lee siempre había tenido celos de la relación de Lexy y Stefan, pero Elena estaba segura de que Lexy nunca se habría puesto de parte del nuevo Stefan. Sí, por culpa de Damon casi mataron a Lexy, fue una suerte que en ese momento encontraran a otro vampiro y dejaran a Lexy muy malherida. Elena recordaba como entre Stefan y Lee la cuidaban hasta que se puso bien. También recordaba su relación con ella. Como se habían echo buenas amigas...
- Tenemos que hablar -le dijo él- Ahora
- No
- ¿Por qué?
- ¡Porque no te quiero volver a ver en mi vida! -Elena clavó sus ojos en los de Stefan- ¿Entiendes?
- No -dijo él apartando sus ojos de los de ella- Yo te quiero
- ¿Por qué no lo pensaste antes?
- Fue un error
- Claro, por eso salvaste a Katherine ¿verdad? -terció Bonnie- Por eso quisiste matarnos a Matt y a mí
- Fue otro error -dijo mirando a Bonnie- Por cierto deja de intentar atacarme. No conseguiras nada
- ¿Por qué? -preguntó Elena. Miró a Bonnie. Ésta miraba una pulsera que llevaba Stefan
- Por que Emily encantó esa pulsera para proteger a alguien de brujas -dijo Bonnie con un hilo de voz- Supongo que sería a Katherine
- Bingo -dijo Stefan mientras miraba a Elena de nuevo- Elena por favor dejame hablar contigo
- Primero deja a Katherine
- La quiero -Elena veía el dolor de Stefan en sus ojos- y a ti también
- Damon -murmuró Elena segura de que él la escucharía
Un segundo después Elena volaba por los aires. Ésta sintió que no se hacía daño al caer. Miró a Bonnie. Estaba murmurando algo. Cuando se pudo incorporar corrió hacia ella. La cogió de un brazo y se la intentó llevar, pero no pudo. Elena no podía ver la pelea de los hermanos Salvatore, pues eran demasiado rápidos con los golpes. Brevemente se fijaba en alguna escena, como cuando el codo derecho de Stefan impactaba en el estómago de Damon o cuando el puño de Damon impactaba contra la nariz de Stefan. Fueron unos minutos angustiosos para Elena, pero al fin acabó la pelea. Stefan escapó por la ventana. Elena fue corriendo hacia Damon. Estaba lleno de sangre, de ambos, tenía cortes en la cara y la camisa medio desgarrada.
- Me curaré rápido -dijo él al ver la cara de Elena- soy un vampiro ¿recuerdas?
- Sí -dijo Elena con un hilo de voz
- Me las va a pagar -murmuró Damon
- ¡Ni se te ocurra ir a buscarle! -le gritó Elena- Tiene la protección de Katherine y también de Isobel
- Lo sé. Isobel me entretuvo. Hubiera llegado mucho antes.
- ¿Qué le pasó?
- Está bien -dijo Bonnie. Elena la miró- Siento su presencia. Viene hacia aquí, y no sola
Elena se fijó de nuevo en Damon. Ya tenía todas las heridas cicatrizadas. No se notaba que había tenido la pelea, excepto por la camisa destrozada. Antes de que Elena abriera la boca, él desapareció. Volvió unos diez segundos después con una camisa exactamente igual a la que le había destrozado Stefan. Damon, con ademán protector, se puso delante de Elena. Entonces la puerta se abrió. En su umbral estaban tres vampiros conocidos. A Elena se le salieron los ojos de sus órbitas cuando les vió. Katherine, exactamente igual que Elena hasta en la ropa, Isobel, también parecida a Elena y... Lee. Era totalmente imposible. O no, pensó Elena. Lee siempre había tenido celos de la relación de Lexy y Stefan, pero Elena estaba segura de que Lexy nunca se habría puesto de parte del nuevo Stefan. Sí, por culpa de Damon casi mataron a Lexy, fue una suerte que en ese momento encontraran a otro vampiro y dejaran a Lexy muy malherida. Elena recordaba como entre Stefan y Lee la cuidaban hasta que se puso bien. También recordaba su relación con ella. Como se habían echo buenas amigas...
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